¿Cómo aprenderán a trabajar los jóvenes cuando la IA hace las tareas con las que antes se formaban?
Chile lidera el uso de IA en Latinoamérica, pero surge una pregunta clave: ¿qué pasa con el aprendizaje cuando la tecnología reemplaza las tareas formativas?
Buscar información, ordenar datos, preparar un informe o resumir documentos. Esas tareas repetitivas y a veces tediosas que marcaron los primeros empleos de muchos chilenos hoy pueden resolverse en minutos gracias a la inteligencia artificial. El problema no es que la tecnología las haga: es que antes, hacerlas era exactamente la forma en que se aprendía a trabajar.
Esa es la pregunta que está instalando Porter Novelli en el debate sobre el futuro laboral: ¿cómo van a formarse los profesionales jóvenes cuando la IA ya hace buena parte de aquello que antes servía como escuela práctica?
Para Chile, la discusión es especialmente urgente. El país lidera el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial y más de 150 mil personas ya utilizan esta tecnología en sus funciones laborales cotidianas. Ser pioneros en la región representa una ventaja competitiva real, pero también implica enfrentar los primeros errores sin demasiadas referencias ni experiencias previas en las que apoyarse.
Según el análisis de la consultora, delegar tareas operativas en herramientas de IA no es necesariamente negativo para el desarrollo profesional. Lo que sí resulta crítico es lo que ocurre después: si existe o no un proceso riguroso de revisión y evaluación del trabajo producido. En otras palabras, el aprendizaje no desaparece, pero sí debe migrar hacia nuevas habilidades: el juicio crítico, la capacidad de validar resultados y la profundidad del análisis.
El riesgo concreto está en las organizaciones que incorporan IA sin adaptar sus modelos de formación interna. Si un profesional joven entrega un informe generado por inteligencia artificial y nadie lo evalúa con rigurosidad, el proceso de aprendizaje simplemente no ocurre. La tecnología avanza, pero la persona no.
Entre los desafíos identificados para el mercado laboral chileno destacan:
- La brecha entre uso y buenas prácticas: muchas personas creen utilizar la IA de manera óptima, pero aún faltan estándares maduros a nivel organizacional.
- La adaptación de los sistemas de tutoría: las empresas deben repensar cómo acompañan el desarrollo del talento joven en un entorno donde las tareas formativas tradicionales ya no son las mismas.
- El riesgo de la automatización sin reflexión: usar IA para producir más rápido no equivale necesariamente a aprender más ni mejor.
El debate ya no es si la inteligencia artificial quitará o no empleos en Chile. La pregunta más inmediata y más difícil de responder es cómo garantizar que las nuevas generaciones de trabajadores adquieran experiencia real en un entorno donde la tecnología hace, cada vez más, lo que antes hacíamos nosotros para aprender a hacerlo.